Paciente espero la palabra con los ojos pequeños del gorrión mientras repica la lluvia en la ventana y forman sus gotas racimos de uva. Viene a amansar el cloro de las calles, y redimir la quietud de los hogares, a esponjar la tierra y nutrir el fruto. La humedad de su caricia cura. Brota con su voz abierta y justa para enraizarnos en fortaleza horadar los recovecos del alma y librar al mar el latir y las entrañas. Llega plena de luz, feliz y libre como el gemido de un verso en la desnudez del blanco, con su sonrisa vehemente y cómplice.



