Llueve

Paciente espero la palabra
con los ojos pequeños del gorrión
mientras repica la lluvia en la ventana
y forman sus gotas racimos de uva.
 
Viene a amansar el cloro de las calles,
y redimir la quietud de los hogares,
a esponjar la tierra y nutrir el fruto.
La humedad de su caricia cura.
 
Brota con su voz abierta y justa
para enraizarnos en fortaleza
horadar los recovecos del alma
y librar al mar el latir y las entrañas.
 
Llega plena de luz, feliz y libre
como el gemido de un verso
en la desnudez del blanco,
con su sonrisa vehemente y cómplice.
 

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