Amor de contrabando

Arde todavía la tarde
en tu deseo llanto
cubriendo de muda ceniza
aquello cuanto no amaste
 
Se abre el horizonte
al abismo de tu encendido sexo
la herida que no cicatriza
y el sofá donde tus miedos
 
Tumbado estás sin orilla,
deshabitado de besos,
como un náufrago de piel
que se rinde a la tormenta
 
En la distancia, ella te mira
con el amor de lo creado
y te nombra para que seas
envolviéndote en su abrazo.
 
Son las calles hoy del aire
el desahogo y la calma.
Una mujer te lee en verso
vive tu carne en ellos.

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