Volvías de la lluvia empapado de silencio. En los charcos flotaban miradas, almas cristal buscando respuestas. Eran de mudo barro las palabras obrando costra sobre tus labios. Traías en tu cántaro el trino callejero de los últimos niños. Quedan las improntas de un nido el vuelo que nunca estrenó alas el instante en que te entregaste y mis manos regresándote a casa.

«En los vértices del tiempo anidan los sentimientos.
Hoy, son pájaros de barro que quieren volar…»
Manolo García

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